Se llama Christopher Langan y su CI se sitúa entre 195 y 210 (no se puede calcular con exactitud), mientras que el de personajes como Einstein o Bill Gates ronda los 160.
Sin embargo, Christopher no dirige una multinacional, ni sienta cátedra en una universidad, no. Trabaja en un bar de Missouri como ‘bouncer’, el cachas que pone el orden cuando los cowboys borrachos se pelean.
No se trata de una excentricidad, es que no ha encontrado un trabajo mejor, y en éste al menos puede pasarse la mayoría del tiempo sentado pensando en sus teorías sobre el universo. Porque si un tipo listo no puede dejar de hacer algo eso es pensar y crear teorías.
Dice que no ha encontrado a nadie que piense con tanta profundidad como él, y después de leer sus teorías es fácil imaginar porqué. Su teorías están publicadas en Internet y son de acceso público: Cognitive Theoretic Model Of the Universe
Langan no consiguió acabar la universidad, aunque tenía una beca la perdió por un problema burocrático. Y años después, cuando se financiaba con su trabajo sus propios estudios, abandonó ante la rigidez de un profesor que no le dejó cambiar una clase de horario.
La infancia de Langan fue muy dura, con un padrastro que bebía y le maltrataba a él y a sus tres hermanos, hasta que un día Langan le hizo frente sirviéndose se la fuerza que había adquirido trabajando en la construcción para mantener a la familia.
Malcolm Gladwell habla de él en su libro Outliers, poniéndole como ejemplo de que la inteligencia no es lo único que hace falta para triunfar en la vida. La conclusión de Gladwell es que a Langan le faltan las habilidades sociales y que tiene problemas negociando con figuras de autoridad.
Si bien, quizás lo más importante, es que no ha sido educado en los valores de la clase media-alta norteamericana, entre los que el autor destaca la capacidad para negociar y defender los propios intereses.
A Gladwell le sorprenden las nimiedades que alejaron a Langan de la Universidad, y también la idea que éste tiene de la Universidad y sus valores. Es verdad que algunas de las declaraciones de Langan y sus ideas sobre la sociedad son algo simples, propias de alguien que no ha tenido acceso a una “educación superior” o al que no le han enseñado “las sutilezas de la cultura universitaria”, y no se ha codeado con intelectuales. .
En cualquier caso, no se puede obviar que sus ideas y sus pensamientos están fuera de lo común – especialmente en cuestiones físicas y metafísicas que no requieren de experiencia social – y que merecen atención.
El dejar fuera de juego a la mente más inteligente del mundo (conocida) es una clara muestra de la estupidez reinante. Si la Universidad fuera ese ‘templo del conocimiento’ que Gladwell cree que es, no dejarían pasar una mente así de largo. Es simplemente absurdo que la titulación académica sea más relevante que la inteligencia y las ganas de usarla.
Epilogo: lo único que no llego a entender es porqué no aplica su inteligencia a cosas prácticas, como crear una empresa de éxito, y se dedica tanto a especulaciones poco probables (algunas algo polémicas). Tampoco entiendo porqué no se cambia el apellido, Langan era el apellido de su padrastro malvado, pero eso son cosas de la cultura norteamericana. Por último, hay que decir que al final la cultura americana de los media sí que le ha dado la oportunidad a Langan de darse a conocer.
Otros articulos interesante en español sobre el caso: http://quantaperdida.blogsome.com/2007/11/25/un-que-de/
Y otros dos en inglés: http://www.megafoundation.org/CTMU/Press/PopularScience/PopSciInt.pdf
http://hubpages.com/hub/Christopher-Langan
Nota: el video es de 2007.

















Qué hacer si pierdes la clave del correo
En este mundo cibernético de usarios y contraseñas, perder la clave del correo electrónico puede ser un gran problema, sobretodo si es tu correo principal, desde el que gestionas todos los demás servicios…
Claro, la gente se preguntará: ¿y cómo iba a perder yo mi contraseña? y más aún la del correo principal que uso casi a diario. Pues es sencillo, la cambiaste el día antes pensando que no era segura y estabas un poco cansado, así que no te acuerdas muy bien si te equivocaste al teclear, o qué combinación de números te dió por poner. O quizas es que te fuiste de vacaciones y a la vuelta te dejaste los recuerdos del trabajo en la playa…
Cualquiera que se mueva por internet y acceda a los servicios que se ofrecen por toda la red tendrá que crear varios usuarios y contraseñas, a veces hasta decenas de ellos. Una solución muy cómoda es usar siempre el mismo user y la misma contraseña. Sin embargo, siendo un poco paranoico podemos pensar que los admins de estos sitios pueden acceder a nuestra contraseña y si siempre usamos la misma, podrán entrar en el resto de los servicios que usamos.
¿Para qué iban a hacer algo semejante? Es verdad, hay pocas posibilidades de que a alguien le interesen nuestras claves, sobre todo si no somos directivos de una gran empresa, ni estamos implicados en proyectos de alto secreto. Sin embargo, todo el acceso a nuestra identidad digital está protegido por esa contraseña maestra. Lo peor no es que puedan ver nuestra información (eso lo damos casi por sentado), sino que nos roben esa identidad y ya no podamos hacer uso de nuestros blogs, nuestros correos, nuestros contactos, etc. Inquietante, ¿no?
Por eso, conviene cambiar de vez en cuando la contraseña del correo que usamos para manejar el resto de los servicios. Una de las opciones cuando pasa esto, y los servicios de recuperación de contraseña no sirven, es ser metódico en la recuperación de recuerdos.
1. Abrimos un editor de texto.
2. Apuntamos la que creemos que puede ser
3. Escribimos debajo todas las opciones que se le parecen
4. Copiamos y pegamos en el espacio de contraseña
5. Nos relajamos un poco, porque así nerviosos por la situación no vamos a conseguir nada.
6. Cambiamos un poco algunas variables: quizá escribiste “contarsena” en lugar de “contrasena”, o quizás pusiste 3 veces un número en lugar de 2.
7. Seguimos probando variables hasta que damos con ella.
8. Cuando conseguimos entrar, cambiamos la contraseña por una más fácil de recordar y la apuntamos en un papel o archivo.
Este consejo es algo sencillo y hasta obvio, pero a mí (que no pongo email alternativo) me ha servido en más de una ocasión… Por ejemplo, esta mañana.